Tuesday, May 17, 2011

Terebelia




Por Rey Andújar

Publicado en la sección En rojo, de Claridad

Lunes, 16 de mayo de 2011

Teresa tiene catorce años cuando sonríe. Afuera, el sol plano sobre el Mediterráneo. Si la luz se esconde, la juventud se escapa con resabio dejando una vejez instalada. Quiero comerle la vida del cuerpo; ambos lo sabemos pero retrasamos el entrecruce. En el agua brillan sus ojos serios. Es el sol, regresando.

La última auditoría me llevó al norte de Italia en donde detrás de las copas de Sangiovese ella es mía, mía nunca jamás, con posibilidad otoñal de fondo. No puedo comer linguine ni espaguetti ni nada... se me escapan los fideos del tenedor. Me enamoro de ella en intervalos de cinco segundos mientras bebe, mueve las manos nerviosas que quieren fumar o cosechar jardines, para nada acariciarme; tan lejana. Hago todas las preguntas necesarias utilizando aquellas palabras, las rebuscadas para este evento. Quedo mutis y embelesado frente a la inmensa espalda que se desintegra por los escenarios, la cóncava piedad de sus piernas abarcando, dibujando jam sessions on my heart. Un contable y una bailarina o la historia que no puedo inventarme; tan cerca de la anécdota que duele. La noche esperada es asquerosamente perfecta para componer siete boleros y cuatro bachatas en su nombre pero los contables no escriben y ella no quiere escuchar de las dificultades que implica traducir hojas de balances del inglés al italiano. Dice que quiere montar una obra de Mishima para celebrar el verano. Se desenreda de mí y con un pellizco me pregunta por Puerto Rico con la dejadez de quien averigua por la suerte de un primo tercero. Al carajo los soretes que proclaman la autoconducta porque ella huele a domingo por la mañana, a caminar agarradito de Tere, los dedos que hunden la piel, la masa del pan sin sacramentar.

El vacío profundo que quema en la memoria y no me permite recuperarme del jetlag vino después del limoncello y una lírica de Paolo Conte como para caminarla definitiva en otro abrazo sin horas de oficina, en una ciudad que grita su nombre de agarre monstruoso, que rescata a los oficinistas desdichados de las pesadillas de alcohol y sustancias dudosas. Madrugada y más vino y la estaca violenta y final: los cuerpos de la nostalgia se miden en peso, rapidez y violencia; nombran el mar que se repite en los ojos de Tere; la proximidad de una caricia veneno que encuentra a los hombres en las correas aduanales sin socorro. Tere respira hondo, sonriente, enamorada de mentira y casi convencida de que esta cabeza encontrará un hombro en Business Class... Tere juega todas las cartas a morir y matar, cuando contable confieso, Todo con vos es saldar o ceder.

Sunday, May 15, 2011

EL MAPA LATINOAMERICANO DE NUESTRO FUTURO



La mayoría de los países de América Latina han atravesado, en tiempos relativamente cercanos, periodos de violencia extrema. Y todavía hoy muchos de ellos siguen viviendo espirales de inseguridad y crueldad social en el que parecen definitiva y lamentablemente inmersos. Momentos que no se acaban y que parecen inevitables.

Inivtamos a 50 autores de 18 países para que nos cuenten de qué modo los periodos de violencia extrema en sus países ha afectado su intimidad, su entorno o su sociedad. Sus experiencias son importantes y pueden ayudarnos. Y en muchas ocasiones: su pasado es nuestro futuro. Todavía impredecible hoy en esta América Latina que es un conglomerado que comparte problemas sociales pero, también, tal vez, posibles soluciones conjuntas.

Nos lo advirtió hace años el periodista mexicano Jesús Blancornelas (San Luís Potosí 1936 - Tijuana, 2006), editor de Zeta Tijuana: No hay solución ni la habrá. Esto mientras existan países en América del sur produciendo, México traficando y Estados Unidos consumiendo. Es un problema continental. No puede particularizarse en causas ni efectos

PROYECTO CURADO POR: Lolita Bosch


AUTORES INVITADOS:

La frontera

Santiago Vaquera Vásquez: ¿Ves la línea?

Sergio Troncoso: ¿Cómo ha afectado la violencia en Juárez a la cultura fronteriza?


México

Alfonso Orejel: Los Mochis: la ciudad extraviada

Alma Guillermoprieto: El fracaso de una guerra brutal

Fernanda Melchor: Insomnio

Enrique Díaz Álvarez: Contra la idiotez

Guatemala

Eduardo Halfón: Postales desde una tierra violenta

Rodrigo Rey Rosa: Recomendaciones

Honduras

Samuel Villeda Arita: La violencia en Honduras, aspectos psicológicos.

Ernesto Bondy Reyes: Violencia que no has de beber dejala correr.

El Salvador

Óscar Martínez: Si del cielo caen fusiles… (y otras anécdotas)

Vanessa Núñez: ¿Quién le teme al miedo?

Nicaragua

Rodrigo Peñalba: “Los Malos” vs. 1984.

Costa Rica

Anacristina Rossi: De Limón Reggae, varios fragmentos sobre la violencia en El Salvador

Rodrigo Soto: Violencia, arrepentimiento y perdón

Panamá

Carlos Oriel Wynter Melo: Una vez creí soñar con aviones invisibles

David C. Róbinson: Una sola sombra

Cuba

Antonio José Ponte: La violencia en la que vivimos y la violencia que vendrá

Puerto Rico

Marta Aponte Alsina: Violencia

Carlos Vázquez Cruz: La gran familia puertorriqueña (FALTAN DERECHOS)

Elidio Latorre Lagares: El imperio de la nada

República Dominicana

Ariadna Vásquez: Dormir en paz

Jochy Herrera: Memoria y feminicidios

Rey Andújar: Latitudes: una isla partida por el odio

Frank Báez: Perdona que no haya logrado escribir un texto

Colombia

Jineth Bedoya: Aprendiendo de lo malo

Tomás González: Nostalgia por el mar ya visto

Yesid Arteta: Juntar los jirones para tejer la memoria

Ricardo Silva Romero: A uno lo pueden matar

Evelio Rosero: Fragmento de Los ejércitos (FALTA)

Venezuela

Alberto Barrera Tyszka: Y salimos a matar gente

Slavko Zupcic: Funeraria girasoles: autobiografía de la carroza

Israel Centeno: Es ingobernable para nosotros

Ecuador

Eduardo Varas C.: Lo violento serán las ideas

Solange Rodríguez Pappe: GuayaKILL CITY

Perú

Mario Bellatin: No he podido hacer el texto

Gabriel Arriarán: La Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú: la historia de un éxito técnico y de un fracaso ético y político

Toño Angulo Daneri: Gracias por el miedo

Ernesto Escobar Ulloa: 1986

Bolivia

Edmundo Paz Soldán: Bolivia, 1978-1982

Giovanna Rivero: Una cuestión personal

Paraguay

José Pérez Reyes: Vio.Leen.Cia

Chile

Diamela Eltit: La impueljarnidad de la riqueza

Carlos Labbé: El órgano tirado en calle Fuenteovejuna

Lina Meruane: El campo minado de la memoria

Uruguay

Inés Bortagaray: He aquí un dios más fuerte que yo

Argentina

Felix Bruzzone: Ratas en el techo

Sandra Lorenzano: Poética de ruinas

Samantha Schweblin: Matar un pero

Matías Néspolo: Una cuestión de perspectiva

Pablo Ramos: La chica del pelo verde


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Wednesday, May 4, 2011

Antígona Pérez visita Chicago

Publicado en Claridad, sección en Rojo

Por: Jochy Herrera





lunes, 2 de mayo de 2011

Antígona es uno de los mitos griegos de mayor representación en la dramaturgia universal. Desde el Sófocles de 442 a. C., la ópera de Tomasso Traetta de 1772, la Antígona de Bertolt Brecht, la de José María Perman, la Antígona Vélez, la Antígona Furiosa, y la puertoriqueña de Luis Rafael Sánchez, todas, a juicio de George Steiner, ilustran los antagonismos y dicotomías inherentes a lo humano: la sexualidad, la individualidad, la senectud, la mortalidad y el misticismo. Así, tal como anota el venezolano Ángel Vilanova, Antígona resurge cada vez que la historia se ensombrece con el horror de la guerra, la injusticia, y los espectáculos de crueldad y dolor que parecen ser sempiternos infortunios del ethos latinoamericano.

La Pasión según Antígona Pérez es la caribeñización del honor fúnebre helénico, pero sobre todo, es la puesta en escena de la dignidad de la América mestiza, “la América dura, amarga, tomada... la de las generaciones dolorosamente estranguladas...”. He aquí la interminable presencia y atemporalidad del trabajo del legendario dramaturgo boricua –el escritor nacional– Luis Rafael Sánchez, cuya obra no sólo se reestrenó en el marco del 30 aniversario del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré en San Juan Puerto Rico, sino que acaba de aparecer simultáneamente en escenarios tan distantes como Asunción y Chicago.

Tras dos décadas de meritorio trabajo, el Teatro Aguijón trae a escena esta peculiar Antígona, que si bien se exhibe en esta otra ciudad puertoriqueña, es una versión global, latinoamericana en sí misma: Está dirigida y diseñada por las colombianas Marcela Muñoz y Rosario Vargas; el diseño de luces y sonido está a cargo del griego-chileno Augusto Yanocopulos; actúan Rey Andújar (República Dominicana); Jessica Kaddish (Estados Unidos); Raúl Moreno (México) y Elio Leturia (Perú).

Partiendo de la premisa de la presencia boricua en esta ciudad le pregunto a Rosario Vargas cómo cree ella que luce esta versión respecto a la de la Isla: “La obra refleja las necesidades intrínsecas de una sociedad en donde la inarmonía constituye una metáfora de su condición de vida”, responde la reconocida artista. “Inarmonía que deforma las relaciones de los individuos. Pero nuestro montaje, al igual que la obra de Luis Rafael, intenta llegar más allá de una nacionalidad específica y explora la disidencia, la protesta en un plano universal. Cuando Antígona Pérez exhorta al público a no quedarse callado, satisfecho, indiferente, es un llamado universal al desmonte, al cuestionamiento de todas las tiranías de cualquier ideología”.

En la escenografía pensada por Sánchez para esta pieza se “rehúye de todo lo que ponga una nota ornamental”, y esto se hace presente en el acogedor local del Aguijón donde anuncios y carteles, símbolos de la cuasi omnipotente presencia del poder, son los artefactos escénicos que hablan al espectador de “periódicos enfermos de fiebre amarilla” que en pleno 2011, inventan nuevas mentiras: guerras que apestan a petróleo, fronteras de muros de concreto, y cantos de victoria de presidentes en países desangrados entre la narcoviolencia.

Debe recordarse que la íntima esencia de la Antígona de Luis Rafael Sánchez es la rebeldía que solamente la injusticia logra provocar; el rechazo al dolor y al abuso que sólo el poder genera; el engrandecimiento de los principios que sostienen la fortaleza de los pequeños; La Pasión Según Antígona Pérez es, en resumen, el grito que alerta “contra la violación del espíritu”. Ante tal presencia artística sería lógico esperar un cierto celo profesional por parte del creador, sin embargo, a juzgar por sus recientes declaraciones a la prensa borinqueña, “él disfrutará ver la entrega de los actores, la libertad de esas obras que ‘son más de ellos’, del director que más; porque son ellos quienes dan la cara”. Y esto lo confirma Rosario Vargas desde Chicago: “Luis Rafael ha sido muy generoso y amable, cuando lo llamé y le dije que estábamos interesados en montar su obra y solicitábamos su autorización se alegró mucho; me dijo que teníamos luz verde para hacer los ajustes necesarios”.

Colofón en mano debo reconocer a la veterana actriz Marcela Muñoz, Antígona de Chicago que hace justicia con su espléndida corporalidad a la “resonancia de mito eterno” que, parafraseando a María Margarita Doncel, representa Hispanoamérica en la mujer de rasgos heridos por el sol colombiano y una tez hibernada por la nieve. Una Antígona que es esa Marcela local, y la Marcela que en esta obra es cada una de las heroínas imaginadas por Sófocles.
No muere aún, Antígona.


El autor es escritor dominicano radicado en Chicago. Autor de Extrasístoles (y otros accidentes); miembro de la Mesa Directiva de la revista contratiempo.