Saturday, January 9, 2010

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De lo terrible.

Perfil de Autor

Por Rey Andújar

Realism has never been confortable with ideas.
J. M. Coetzee

Nadie podrá olvidarlo.
Eduardo Sifontes

El verano en el trópico puede ser malsano. Resulta que aquella lotería loca y gubernamental me había tocado; ese largo y manoseado proyecto había buscado la manera de llegar al escritorio del ministro. Quisiera abusar de la omnisciencia e imaginarme la escena pero para qué. Recibí una llamada a mitad de marzo; ahí se abrió la herida. Recuerdo que acababa de salir de mi última sesión con la sicóloga.

Era mediodía y olor verde atlántico zarandeaba todo lo vivo.

ojalá ese enamoramiento tuyo radique
en el aleteo rubiroso de mis pestañas
en el sabroseo de mis acentos que bailan delatantes

cuántas islas me tocan, cuántas albergo

El cargo era una insignificancia. “Gestor cultural de ultramar”. La voz en el teléfono aseguraba que serían mil dólares al mes. Hubo papeleo, traqueteo de números de cuentas de bancos y documentos.
El verano arrancaba con fuerza haciendo levitar a los junkies que supuraban rosado al pie de los hoteles cinco estrellas; rozando la escalinata de los cruceros.

y pensar que esta silla está hecha de árboles naufragados
esa carne antillana
soñadora
que se consuela en el cabotaje de sal estremecido
de pasaporte visado

El caliente arrasaba tanto como el hambre ya que los dichosos cheques del gobierno no llegaban. Yo –tercermundista, caribeño, o sea, orientado hacia el fracaso, como mi literatura– cometí la soberana estupidez de renunciar al trabajo de bartender/latinlover que tenía en un restaurante criollo de la ciudad turística, colonial.
Según las gringas yo preparo un mojito para irse de culo. Qué digo culo, que flipan.

porque en algún momento fuimos estruendo

quizás esta isla posee una caverna
que guarda los primeros dominicanos heridos
las boricuas sangrantes
quizá este pedazo de errores
tuvo un pasado de cabeza levantada
una ética
piel
tornasolada
que quizás
tropezando
encuentra sentido
en tanto desarraigo

Entonces sucedieron los desastres: la casera se agotó de paciencias; la cuenta de banco expuso su fatiga… me topé con el vecino en el supermercado y cuando me vio sacar todas las monedas y pagar por la única cebolla me recomendó ir a buscar una ayuda económica: La tarjeta de la familia.
La oficina era como del mejor suspenso Tarantino. Después del papeleo me dicen siéntese y espere. Hay una mujer muy linda para estar ahí; para hablar conmigo. Lee un libro que se llama La Cresta de Ilión. Le digo que hay una parte muy chula del cuerpo a la que se le llama “la cresta iliaca”. Ella deja de dirigirme la palabra porque la llaman que es la próxima y al final me regala el libro porque, “Ando buscando la manera de salir de él… es demasiado de triste el libro ése; voy por la tercera tanda de leerlo”.
Claro que le pedí su teléfono para invitarla a salir pero recordé el hueco en mi billetera; herida que se abría hasta la suela de mis zapatos.

hay en el labio una contradanza
hay una luna varada en su vientre

he mencionado su vientre anteriormente
he dicho que hacia allí se orientan los caracoles

Pero yo sigo enamorado de ti como el primer día del otoño que llegó batiendo un viento bueno que promete. El dinero sigue cojeando pero el hambre amaina y la situación casera aunque agobiante –roommates– es bastante pintoresca; el apartamento es un horno pero es el lugar ideal para un escritor que se enfrenta a sus limitaciones –novelas que no pasan de la ráfaga de insomnio o la página trece–; un garabateador de fábulas que ha pedido otro libro tuyo, quizás tan triste como aquel, para las pascuas.

*Publicado en la sección En Rojo, de Claridad, el periódico de la nación puertorriqueña.
** Ilustración por Iván Figueroa Luciano
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