Sunday, August 29, 2010

De nuevo Sin Título


REGRESA SIN TITULO AL TEATRO VICTORIA ESPINOSA

Vuelve a escena la obra de Nelson Rivera, Sin título: piezas de teatro experimental para un grupo de actores, en el
Teatro Victoria Espinosa de Santurce (Ave. Ponce de León con Calle del Parque), del jueves 2 al domingo 5 de septiembre. La obra se ofrecerá en funciones de jueves, viernes y sábado a las 8:30 pm, y domingo a las 4 y 7 pm.

En esta obra de Nelson Rivera, los ocho actores exploran la relación de la violencia criminal y política en el Puerto Rico de los últimos 50 años, yuxtapuesta a la violencia hacia el entorno ambiental. En contraste, los actores realizan acciones de teatro, danza, música y performance cuya finalidad es celebrar y afirmar la vida.

El elenco incluye artistas provenientes de varias disciplinas y grupos de teatro y danza tales como Jóvenes del 98, Hincapié de Petra Bravo, Y no había luz, El Kibbutz y Papel Machete. Son ellos: Rey Emmanuel Andújar, Noelia Calderón, Isadora Cintrón, Yari Helfeld, Kairiana Nuñez Santaliz, Víctor Manuel Rivera, Yussef Soto y Carlos José Torres. Colaboran con el autor en la dirección Pedro Adorno de Agua Sol y Sereno, y Viveca Vázquez del Taller de Otra Cosa.

El Teatro Victoria Espinosa, antiguo cine Music Hall, está localizado en la calle Del Parque, entre las avenidas Ponce de León y Fernández Juncos, detrás del Teatro Francisco Arriví, en Santurce. Hay estacionamiento disponible al lado del teatro. Se sugiere un donativo de $10. a la entrada.

La producción de Sin título está a cargo de Pedro López y Sociedad Anónima Incorporada, con la colaboración del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Thursday, August 19, 2010

Madera fina



MADERA FINA

la boca de carne de nuestras maderas quema las gotas rizadas. el aire escogido es como un hacha para la carne de nuestras maderas.
José Lezama Lima

ya tu eras árbol por lo obvio la maldita condición de todo hombre tronco duro fibra cruda futura carne de taller cuando mi beso.
Xavier Varcárcel

Cuestión de ponerse al día con el mundo, las islas se dejaron asediar por el cemento que proponía un sistema de convivencia entre la brea y lo verde. La cibernética en cierta manera limita al ser a la soledad y el miedo, recluyéndole en bloques de individualidad; tómense como ejemplo el televisor o las redes electrónicas sociales. La cuestión asalta: ¿qué papel jugaría la naturaleza en este plan de aislamiento; o de manera más particular, ¿cómo traduce el sujeto actual la dialéctica entre la tecnología y su hábitat?
Xavier Varcárcel de Jesús se plantea estos conflictos desde la madera. La obviedad de las oposiciones entre la argamasa y la flora permiten al escritor formular la propuesta total del poemario. No es tanto resaltar la frialdad del hormigón; el árbol vivo o ya tumbado, convertido en tronco y ramas, comparte con el individuo su carácter humano. Por asuntos de biología, el ser está naturalmente más cerca de una flor, una raíz o un pájaro:

no puedo decir que me sonroja ser un tronco estirando sus raíces a la nada una fronda inventada noctíflora.

Los poemas iniciales ubican el Caribe como el espacio de la pérdida de la inocencia. Se declara una correspondencia entre aquella niñez y esta suerte de decepción por lo hallado. El Caribe se miente; el cuerpo caribeño es, dentro de su grandiosidad, dispensable.
Lo que queda de la vida, los recuerdos, van confluyendo en un sistema donde lo cotidiano adquiere forma y densidad, no sólo de el palo, el tronco vivo o las ramas, también se le aplican a los sentimientos las acciones de los usos del maderamen; los objetos que cortan, tornean, serruchan; el resultado de las intervenciones con el objeto: astillas, aserrín. Podría hablarse incluso de un proceso ritual en la manera en que las relaciones de la infancia, sin caer en el reclamo, responsabilizan al crecimiento por el desengaño del presente; es el amor de un muchacho por el mundo, del mundo por un árbol, del árbol por un hombre.

Estos poemas están sujetos a la toma de conciencia del ser Caribe como heredero de talas […] destinado a la polilla. Se aleja del bestiario para hacer un recuento de la flora: ausubo, cedro, mangle, ceiba, palma. Lo mejor de nuestra tradición literaria recurre puntualmente a los símiles del entorno para metaforizar el retorno o la posesión. En más de una ocasión durante el texto se sugiere el adentrarse, considerar la raíz –lo oculto; lo que se supone– como parte integral y a lo que se debe regresar. Las raíz es la razón.
A falta de selvas, las alusiones se construyen en la playa; aquí sucede la cópula de la madera con el mar, que abarca todos los sentidos, desde el más tierno, las ramas se hunden en el borde de la espuma dejando a la sal hacer sus nidos; atravesando la sensualidad, me dejo al sol para secarme de tu orilla / para sudar los jugos y los fondos de esta playa tibia; el desencanto, ¿en qué playa del mundo me dejaste amanecer mojado y seco / imposible de hojas nuevas?; hasta llegar a lo terrible de la yola, al destino de los balseros, a la escatología de los árboles, me comerán / estoy en ti / leña mojada / comején / madera muerta.

Hacia el final del poemario la propuesta inicial se completa al exponer la correspondencia entre lo humano y la madera. Bajo una persistente lluvia se coquetea con el juego sicalíptico; hace recordar a Guyotat cuando asegura que la sensualidad siempre está ligada a la escritura; a Bataille y sus teorías sobre lo carnal y la muerte. Es este sin duda un texto audaz; bien afincado en la mejor influencia Caribe. El asedio al derredor es constante y demuestra claramente los conflictos que el gran espejo del mar le refleja en el agua convertida en lluvia, en aguacero; las diatribas contra el cuerpo propio, en la soledad y en comunión. De todos estos roces nace la belleza, ya que en resumen el escritor hace del palo-naturaleza lo que todo poeta hace con sus pasiones.

Tuesday, August 17, 2010

DE LA CRUDEZA




La palabra y los monumentos creados mediante ella son loas cosas mejor adaptadas al molusco humano, y le permiten sentir y expresar su fraternidad con los objetos de su mundo.
Ian Watt

Todas las locas son iguales
Luis Negrón

POR REY ANDÚJAR

El libro bueno es el que me empuja a escribir. La lectura de un buen libro para mí es un electro choque. Lo agradable de la colección debut de Luis Negrón, Mundo cruel es la exuberancia que demuestra al contradecir la norma. A mis escritores y escritoras homosexuales yo los quiero lejos de la militancia y más cerca de la literatura. Me atrevo a decir que a diferencia de la República Dominicana la cuestión de género en Puerto Rico es un tema del que es muy difícil desprenderse al considerar lo literario. Negrón entrega un libro de alto significado en el quehacer narrativo. Compuesto por nueve cuentos, el texto se estructura desde la oralidad, esto es, según Lilliana Ramos Collado, lo que convierte la narración en una constante monología. Estos cuentos se resisten a ser literatura en el modo cuantitativo. La tradición oral como totalidad asume el nervio central de cada relato y sacude el sismo del que adolecen los textos de la alteridad, sobre los cuales siempre pesa el fantasma de lo confesional. Hace poco que vengo haciendo(me) la pregunta: ¿Qué es la literatura gay? ¿Cuáles son sus límites? Existe una tradición destacable en Puerto Rico, si se cuenta que dentro de una literatura al margen del canon por múltiples razones, Manuel Ramos Otero, el poeta, es altamente respetado por la intelectualidad dominicana; crecí asistiendo a fastuosos montajes, año tras año, de las obras de Luis Rafael Sánchez por primeros actores. Decir que en la Academia puertorriqueña [y fuera de ella] la homosexualidad tiene un peso definitivo no sería exagerar, mucho menos si se destacan autores-actuales que han presentado textos definitivos para el trajín literario.

No es lo que se dice, también es fundamental el cómo. El primer cuento propone la violencia, que el narrador maneja muy bien al cuidarse de no dramatizar estos actos; los integra a la cotidianidad y pasan a ser desapercibidos como parte de un gran proyecto. Criados bajo el fuego penitenciario tropical, los hombres no lloran y se defienden peleando. Pelear con el otro es conocerse. El cuento “El elegido” es una revelación y una mentira. Las maneras de contar ya están planteadas; el uso de esa voz narrativa familiar, reposada, cotidiana, advierte “cuidado lector porque voy a mentir y lo hago muy bien.” Bukwoski repitió que su mejor taller literario fue el paciente yugo del padre; el escritor afirmaba esto con una suerte de resignación que liberaba a su escritura de resentimientos. Al adentrarme en los cuentos de Mundo cruel percibo la fortaleza de lo sutil, lo que es hilarante sin pretenderlo y nostálgico sin exageración. Textos que conmueven. La individualidad del hijo como oveja descarriada es el centro de un torbellino Caribe de sexo y buenaventura. El proyecto urbano de este texto adquiere sentido con “El vampiro de Moca”, un (re)cuento del trayecto desde las afueras de la ciudad (que ya no es tan “campo”) hacia la decepción sanjuanera. El placer del cuerpo está en el contar amantes, historias, ciudades; cuerpos contables. Una vez se cae preso del fraseo de Negrón es necesario perderle la confianza y dejarse llevar: un buen cuento atiende a la sensibilidad del viaje. De esta manera se compone “Por Guayama”, que es el recuento casi epistolar de una pasión más allá de lo simple. El amor sobrenatural que hace al lector reír y luego arrepentirse con el bollo de lágrimas en el cañete. Tiernos son todos los cuentos y sus voces. “La Edwin” es una navaja doble bien afilada; se sostiene de la oralidad más cruda. Esta manera clara y pelada de decir es la parte permeable de la crítica a la antropología social Caribe. El trasiego del cuerpo isleño se realza, se re(b)vela ante el desmoronamiento de las clases sociales y sus espacios; el sistema económico que permitía las claras clasificaciones. Ser la ambigüedad desde el momento del alumbramiento: Puerto Rico = Colonia = otro Caribe. Puerto Rico y la mala (¿?) suerte del pasaporte desde siempre visado. Puerto Rico y la insistencia en narrar ese cuerpo, de explorarlo y de gozarlo definiendo. Pero Puerto Rico es también una tarde hermosa en “El jardín” flotante; es éste mi cuento preferido. Una suerte de menage a trois del amor de verdad. Siempre peco de repetir que el amor es el sentimiento, lo que nos altera es el elemento huracán-deseo. Qué belleza de cuento “El jardín.” Es genial hasta en el título.

Si algo agradezco de este libro es su deliberada inmersión en la dominicanidad, esa diáspora que se adueña de los espacios urbanos/alternos. El espejo reflexiona: los haitianos maltratados en Azua son los dominicanos bugarrones y periqueros de Santurce quienes a su vez son los nuyoricans de Humboldt Park. Luis Negrón afirma con belleza que todos somos un bagazo. Con crudeza, Mundo cruel hace lo que todo artista hace con sus jardines: enamorarse, exaltar.